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Bienaventurados los perseguidos.

Bienaventurados los perseguido

24/05/2017

Por causa de la justicia. Quizásesta es la bienaventuranza en la que se cumple en la forma más escandalosa esa lógica paradójica propia de las bienaventuranzas. En efecto, ¿el perseguido no vive de maldiciones? ¿Qué hizo un hombre para que fuera perseguido por causa de la justicia, mereciéndose por eso la bienaventuranza del reino de Dios?Hay que decir que no es suficiente ser perseguidospor cualquier razón, sino serlo por causa de la justicia, y esto, tal como están las cosas en el mundo y en particular en nuestro país, no es difícil que ocurra, con el ejercicio de un poco de valor. Por ejemplo, optar por llevar una vida honesta puede ser suficiente para instigar contra sí mismo no sólo los flechazos de una sociedad deshonesta, sino también para ser oprimidos por las deformaciones de la ley. Son mecanismos que se aplican con sencillez, inmediatez, e inevitabilidad, así que el hombre, desde Caín hasta hoy, sigue siendo el enemigo del hombre. Con un poco de espíritu de observación desengañado y libre de auto-adulación será simple notar (incluso dentro de nosotros mismos) que la deshonestidad, difundida de forma generalizada en la sociedad, se activa infaliblemente para aislar, desfavorecer, excluir y castigar al hombre honesto, que ya no tiene ninguna ventaja material en serlo. Pero la honestidad sólo es una entre las muchas virtudes que pueden causar la persecución para los que la ejercen en su vida: la humildad se confunde con la arrogancia, la mansedumbre con la violencia, la misericordia con la debilidad, la paz con la ignorancia, etc. son virtudes que se combaten con ferocidad. ¿No es suficiente vivir como un pobre para ser perseguido por el poder del rico y la indiferencia del acomodado? ¿El débil no es perseguido por el fuerte, o el sabio por el ignorante y el tonto, el generoso por el ávido, e cordero del lobo? Vienen a la mente las palabras de Hamlet: “Porque, ¿quién querría sufrir el implacable azote del tiempo, la injusticia del fuerte, el áspero desdén del soberbio, las amarguras del amor despreciado, las demoras de la ley, la insolencia del empleado, la hostilidad que los mezquinos juran al mérito pacífico, pudiendo de tanto mal librarse él mismo, alzando una punta de acero?”. Pero, si hasta hoy para mis ojos de iluso e ingenuo estas eran las palabras hermosas y poéticas de un personaje de un gran escritor, confieso que sólo hoy empiezo a entender su profunda verdad, es decir como estas palabras sean la exacta descripción de la realidad. Y se trata de una realidad árida que quizás por el ataque de conciencia el adulto siempre trata de esconderal niño o al chico, transformando hipócritamente las virtudes y el amor en ilusiones que desaparecen violentamente al llegar la verdad, es decir que el mundo es insensible, violento e hipócrita. Y hoy el mundo parece que ya no tenga el tiempo y poco a poco revela cada vez con menos cautela su aridez y deja cada vez menos tiempo para ser niños o adolescentes, que se crían para ser perseguidores, para pensar en sí mismos contra el hermano.

¿Nos sorprenden las crónicas actuales de violencia cotidiana y loca? ¿Y no sentimos las raíces de aquellos males salir d nuestras próximas vidas? ¡Qué tonto fui, en creer a las muchas sonrisas de la gente, o en sus discursos vacíos y dobles! Pasolini (él también perseguido por causa de la justicia), en su breve cortometraje “Secuencia de la flor de Papel” le hace decir a Dios que la inocencia, es decir no saber o vivirá como ingenuos, hoy ya no tiene el derecho de ser. Pues, yo pienso que sea cada vez más necesario y urgente conocer para elegir, con la conciencia evangélica de las persecuciones consecuentes que inevitablemente llegarán siguiendo el camino, la verdad y la vida, como reacción del mundo y como signo divino.

 

Por Su causa. Hamlet imagina como solución a tantas persecuciones desesperadas la muerte, el suicidio. Jesús, en cambio, nos ofrece el fruto de la bienaventuranza. Y la naturaleza consoladora de la bienaventuranza que Él promete es que la persecución es la prueba tangible, real para que nos demos cuenta que también nuestro camino en su caminoes real y concreto. Más bien, en el evangelio de Luca, Jesús dice “¡ay de ustedes cuando todos los elogien!”. Jesús es un signo de contradicción.

Seguirlo, tiene como efecto lo de empujar a los hombres a revelarse. Nadie pone en duda que el acto de persecución sea un pecado, sin embargo, si es la lógica del mundo la que gobierna nuestro corazón, frente a un testimonio de santidad no podemos evitar revolvernos. La persecución también puede funcionar con mecanismos de automatismo, y esto ocurre cuando el hombre ya dejó, después de los últimos destellos de la adolescencia, de creer en el amor, la belleza, la justicia, transformando su corazón en una nevera. Es suficiente permanecer ciegamente fijos en nuestros intereses avaros para convertirnos en perseguidores. ¡Oh hombre, hombre todo es vano, todo es futilidad en esta vida! Sólo te queda excavar debajo de tu corazón árido para hallar algo o alguien capaz de amor.

El salmo 17 describe mejor que cualquier otro texto la condición del perseguido y la del perseguidor: el primero es “probado en el fuego”, su corazón se “examina”, se “visita en la noche” y no hay malicia; en cambio, el segundo tiene “el alma insensible” (pues, es la insensibilidad que nos hace perseguidores), “habla con arrogancia”, es como “un león” feroz que “anhela su presa”. El salmista sabe que el destino del perseguidor sólo es feliz en apariencia, porque su suerte se concluye en esta vida. Así que el no se preocupa que siempre sea “saciado el vientre” del malvado, más bien acepta todo esto, porque ¡lo que más le importa y sabe es “contemplar en la justicia” al final de esta vida terrenal “el rostro de Dios” que protege a su fiel “a la sombra de sus alas” y “como la pupila de sus ojos”!

¿Y Luisano es uno de los ejemplos más luminosos de perseguida por causa del nombre de Jesucristo, ella que es tres veces la esposa de Jesucristo? Un alma tan pura, tan cándida, tan lejana de las fabricaciones cómplices y mentirosas del mundo, ¿no vivió de persecuciones constantes por causa del nombre de Jesús? Los que la creían y la creen loca, caprichosa,los que se le acercan por interés, por curiosidad, por escarnio. ¿Esta persecución no corresponde a las palabras de Jesús cuando dice que “se los calumnie en toda forma a causa de mí?”. ¿Luisa no sufrió también la persecución de la Iglesia, hasta encontrarse condenada por falsa mística, con un decreto que imponía quemar cada publicación de sus escritos? ¿Y ella? Siempre obediente, siempre humilde, siempre dócil, incluso en la más grande de las humillaciones. ¿Y esa persecución no sirvió para que las virtudes de Luisa resplandecerían con mayor esplendor? Entonces, su testimonio se inserta perfectamente dentro del Evangelio, más bien, el Evangelio es el medio más seguro para entender el testimonio de Luisa. ¿Y no sigue viviendo aún hoy de persecuciones? ¿No está expuesta cada día a quien querría instrumentalizar su reconocimiento creciente?¿A quien siente en Luisa vapores de gloria hincharle las fantasías? ¿A quien siente en Luisa un instrumento de comercio? ¿No es perseguida por los que alteran su mensaje a través de síntesis extremas y superficiales, fomentando el integrismo y el fundamentalismo, y además corrientes espiritualistas, entusiasmos enfermos, fanatismos? ¡Cuántas persecuciones mezquinas siguen pesando sobre Luisa, y aún más sobre Jesús que depositó en Luisa su mensaje a la humanidad de la Divina Voluntad! Un mensaje que por todas estas persecuciones se confunde, se corrompe, se enturbia. Pero Jesús es la guarda de Luisa y sus escritos como Él mismo aseguró a su esposa. Y por mucho que la humanidad pueda perseguir a la pequeña Luisa, ella resistirá a casa ataque, porque su roca es Jesucristo.

No es tan simple acercarse a Luisa y, sobre todo, ser sus embajadores. Quizás antes de acercarnos a ella deberíamos averiguar si somos bienaventurados en la persecución por causa de la justicia para poder ser dignos de serlo por causa del nombre de Jesús. Porque no se puede ser perseguidos en el nombre de Jesús y a la vez no serlo por causa de la justicia. No se puede llevar una vida deshonesta, o adicta a las costumbres corruptas (tal como las italianas, que han transformado en normas la corrupción, el tráfico de influencias, la elusión o la instrumentalización de las leyes) y a la vez encontrar la “paz” en un camino de fe, y más aún siguiendo a Luisa. Sería un cortocircuito de contradicciones. Debemos esperar y estar preparados para recibir persecuciones en el camino de la Divina Voluntad. Por otro lado, ¿cómo no esperarlas? 

Estar con Luisa significa enfrentarse a persecuciones, porque su mensaje es vivo y no tiene ninguna excusa de tradicionalismo o cuento antiguo. Luisa es moderna, su recuerdo es vivo. Y estar de su lado nos expone al riesgo de la persecución. ¿No corremos el peligro nosotros también de pasar por locos creyendo en sus encuentros amorosos visionarios y místicos con Jesús? ¿Creyendo que Luisa es la portadora de un mensaje capaz de reformar la Iglesia y el mundo? ¿Creyendo que toda esta grandeza tiene su centro en Corato, una pequeña ciudad de provincia insignificante e ignorante? ¿Quién querrá creer en algo así y quién querrá profesarla como verdad? ¿No hay en todo esto el riesgo no sólo de persecución, sino de persecución merecida? Confiemos en la Gracia de Dios, rogándole y obrando para que podamos acercarnos con el corazón puro y con pensamientos honestos a la pequeña hija de la Divina Voluntad y ser sus testigos creíbles y creyentes también y sobre todo en la persecución.

Fiat. 

Alessandro De Beneditttis
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