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"En la Redención Jesús vino a abrir al hombre el “camino regio” que conduce a la santidad de la semejanza de su Creador"

Himno Cristológico de la Carta a los Efesios (séptima parte):

02/10/2017
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«Para alabanza de la gracia gloriosa que nos hacía en el Bien Amado.

En él y por su sangre fuimos rescatados» (Ef. 1,6-7)

 

En meditaciones anteriores hemos visto la proclamación de las grandes obras de Dios en favor del hombre desde la perspectiva trinitaria.

El primer versículo se refiere a la obra del Padre: "¡Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús nuestro Señor, que nos ha bendecido en el cielo, en Cristo, con toda clase de bendiciones espirituales! En Cristo Dios nos eligió antes de la fundación del mundo, para estar en su presencia santos y sin mancha. En su amor nos destinó de antemano para ser hijos suyos en Jesucristo y por medio de él. Así lo quiso y le pareció bien."(Ef. 1: 3-5); como obra de elección y predestinación a la filiación adoptiva.

El segundo versículo enfatiza cómo la voluntad del Padre se lleva a cabo en Cristo con su vida, muerte y resurrección: «Para alabanza de la gracia gloriosa que nos hacía en el Bien Amado. En él y por su sangre fuimos rescatados, y se nos dio el perdón de los pecados, fruto de su generosidad inmensa» (Ef. 1,6-7).

 

Busquemos ahora comprender mejor esta gracia que nos ha sido dada en su Hijo: "En él tenemos la redención (podríamos decir, “poseemos redención”) por su sangre, el perdón de los pecados según la riqueza de su gracia.

Dos conceptos son por lo tanto, expresados por San Pablo, que son fundamentales para nosotros:

1)              Redención

2)              Remisión de los pecados (meditación siguiente).

 

Redención

La redención se refiere a por lo menos dos grandes experiencias:

La primera es la redención del esclavo. En un contexto cultural griego, como en el que vivió San Pablo, la redención se refiere al esclavo que es liberado pagando un precio por él. No hay duda de que este es un elemento presente en el Nuevo Testamento: de la esclavitud, Dios nos ha liberado. (1Cor 6,20; 7,23).

La segunda es la liberación de Egipto. La redención es lo que Dios hizo cuando tomó al esclavo Israel y lo convirtió en un pueblo libre; tomó a Israel, condenado a muerte, y lo introdujo a la vida, estaba en tinieblas y lo condujo a la luz.

 

Creo que la referencia al Antiguo Testamento es muy valiosa, porque capta la plenitud de la Pascua del Señor, todo parte desde ahí: del pasaje “a través de la muerte" (el Mar Rojo) que Dios permitió a Israel. En el momento de la partida de Egipto, tenía el mar delante de él y detrás al ejército de los egipcios; había muerte ante él y detrás de él, y no había escape, ni la posibilidad de salir de esa situación.

Y he aquí, que los israelitas comienzan a quejarse, a murmurar en contra de Dios: « ¿Acaso no había tumbas en Egipto para que nos hayas traído a morir al desierto?, ¿qué has ganado con sacarnos de Egipto? Te dijimos claramente en Egipto: Déjanos en paz, y mejor servimos a los egipcios, porque más no conviene servir a los egipcios que morir en el desierto.» (Ex 14:11-12). Moisés responde con una interpretación profética (como profeta) y les dice: «No tengan miedo; quédense en su lugar y verán la victoria que Yavé les concede hoy. Esos egipcios que están viendo hoy, no los volverán a ver jamás. Yavé peleará por ustedes, y ustedes solamente mirarán.» (Ex 14:13-14).

Los judíos en algún momento comienzan a desear Egipto: "¿No os dijimos cuando estábamos en Egipto, dejadnos solos? ... ¡Porqué es mejor para nosotros servir a Egipto que morir en el desierto!” Ellos ven la promesa de la libertad como una amenaza de muerte, y extrañamente ven su esclavitud como una garantía de vida. En esta situación la única salida se llama "fe": "Ten fe, sé fuerte, y verás la liberación que el hoy Señor obrará por ti". Fe, ¿en qué consiste esto? En seguir adelante: el Señor abre ante nosotros un sendero, debemos tener más confianza en el Señor que miedo al mundo o a las amenazas o situaciones que nos rodean.

Es interesante como el Libro del Éxodo describe el paso del mar (cfr. Ex 13:17-14:31): agua a la derecha (muerte); agua a la izquierda (muerte); detrás a los egipcios (muerte). La única oportunidad es avanzar, el sendero hacia la promesa de Dios, a la salvación de Dios, que será la tierra que el Señor dará, e Israel tiene que seguir adelante, sólo con su fe.

La redención significa esto: el Señor que toma y abre camino en medio de la muerte para conducir a su pueblo a la vida, para hacerle pasar de la esclavitud a la libertad.

 

Jesús le dijo a Luisa el 25 de abril de 1923 que el tiempo está en Sus manos, y Jesús da a quien quiera y se sirve de quien quiera. Bien podría bien traer a la tierra, la felicidad que contiene la Divina Voluntad, pero no encontró voluntad humana que deseara vivir plenamente en ésta, para volver a unir los lazos de la creación y para restaurar todos los actos del primer hombre, como si los hubiera hecho todos con el sello de la Suprema Voluntad y así recuperar la felicidad perdida. Es cierto que tenía a su querida Madre, pero Ella tenía que cooperar con Él en la redención. El hombre, pues, era un esclavo, prisionero de su propia culpa, enfermo, cubierto de llagas, el más repugnante, y Jesús, como Padre amoroso, vino a pagar con su sangre para redimirlo, como médico para sanarlo, como maestro para enseñarle el camino, para no dejarlo caer en el infierno.

¿Cómo podría la criatura tomar parte en los vuelos eternos de la Divina Voluntad si no supiera caminar? Si Jesús hubiera querido dar la felicidad que contiene su Voluntad, habría sido como darla a los muertos y hacerla pisotear. El hombre estaba indispuesto a recibir tal bien, por lo que Dios quiso enseñarle la oración para prepararlo y Él se contentará en esperar por más siglos y siglos para dar a conocer la vida en la Divina Voluntad, para dar inicio a esta felicidad.

En la Redención Jesús ha venido a abrir muchas vias, caminos, atajos para facilitar la salvación, la santidad del hombre; con la Divina Voluntad Jesús vino a abrir el "camino regio" y recto que conduce a la santidad de la semejanza con su Creador y que contiene la verdadera felicidad. Pero aun con eso, siempre serán libres para para permanecer, aquellos en el “camino regio”, aquellos en las avenidas y aquellos fuera de todo, pero sí habrá en el mundo lo que ahora no está en ninguna parte, la felicidad del “Fiat Voluntas tua, así en la tierra como en el cielo."

Adán hizo sus primeros actos en la Divina Voluntad y luego al sustraerse, lo arruinó todo, y puesto que él era la cabeza, todos los miembros también quedaron arruinados. La humanidad de Jesús ha formado el plan de todos los actos humanos en la Divina Voluntad, María lo ha seguido fielmente, así que todo está preparado. Ahora todo lo que se necesita es que otra criatura quiera vivir permanentemente en esta Voluntad, tome posesión del plan que Él ha realizado y abra para todos este "camino regio", que conduce a la felicidad Terrenal y Celestial.

don Marco
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