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La nueva Pentecostés:

terminará el sollozo de llanto del Amor divino (segunda parte)

06/06/2017

En el diseño divino, el aliento del Espíritu de Dios hacia las criaturas debía ser incesante, para completar en ellas la vida divina, pero “¡ay de mí! ¡cuántos actos quebrados, sin cumplimiento, cuántas vidas divinas recién concebidas o, a lo sumo, nacidas sin crecer!”. Este es el lamento de Jesús mientras habla con Luisa, a la que le confía todos sus secretos más íntimos; con Luisa, entonces, parece que la hora anunciada en el Evangelio de Juan va a comenzar (16,12-15): “Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.

Jesús revela a Luisa que sólo en el alma que vive en la Divina Voluntad se pueden formar la vida divina y el acto cumplido. El Querer Divino dispone la criatura a recibir todas las calidades y los colores divinos y el aliento de Dios, nunca interrumpido, tal como un pincel experto, pinta las matices más hermosas con una maestría admirable e inimitable y forma los “facsímiles” del Ser Supremo. Pero, ¡cuánto amor rechazado por las criaturas! Jesús, con una tristeza indecible, afirma que su Amor vaga errabundo desde que el hombre fue creado y gira sin parar y, rechazado, se pone a llorar sollozando.

Así que la no correspondencia forma el sollozo de llanto del Amor. Estas palabras recuerdan las de Pablo a los Efesios (4,30) “No entristezcan el Espíritu Santo de Dios”. Y las otras también: “El mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rom. 8,26). Hay tanta indisposición, negligencia y pérdida de almas que Jesús le pide a Luisa de llegar con su vuelo en la Divina Voluntad en todos los Sacramentos que Él estableció y ahí encontrará muchas lágrimas secretas, suspiros amargos, gemidos reprimidos de Espíritu Santo. Su gemido es constante, debido a las muchas desilusiones del Amor Eterno, pues el intercambio de amor de Luisa será el beso amoroso, la compañía al Espíritu Santo que gime por todo ese no conocimiento y sirve para sedar el llanto y hacer menos dolorosos los gemidos. Por eso, cuando Luisa se funde en el Querer Divino para reconciliar la Voluntad Divina y la humana y adora, bendice, agradece y da reparación y gloria para corresponder Dios para la obra de la Creación y luego la de la Redención, Jesús le recuerda que a estas dos maneras de fundirse en el Querer Divino debe añadir una tercera manera, la de fundirse en el orden de la Gracia, en todo lo que hizo y hará el Santificador, que es el Espíritu Santo, a los que quieren ser santos. Tanto más que si la Creación es propia del Padre y la Redención del Hijo, el “Fiat Voluntas tua” será propio del Espíritu Santo y es justo en el Fiat Voluntas tua que el Espíritu Divino hará alarde de su obra.

Luego Jesús añade que todo se hizo en la Creación, en ella la Divinidad manifestó toda su majestad, potencia y sabiduría e hizo alarde de su amor completo hacia las criaturas. La Redención no fue más que una reparación a los males que la criatura había hecho, no añadió nada a la obra de la Creación, la Santificación no es más que ayuda, gracia, luz, para que el hombre vuelva a su primer estado de la Creación, a su origen y al objetivo para que fue creado. Ya que en la Creación la santidad del hombre estaba completa, ahora, no obstante la Redención y la obra de la Santificación, la santidad del hombre es incompleta, si el hombre no toma la Divina Voluntad como vida, como regla, como nutrición, las mismas obras de la Redención y la Santificación no tendrán sus efectos copiosos.

Desafortunadamente, vivimos en un mundo donde los hombres corren frenéticamente sin saber de dónde llegan y dónde van, giran al infinito en el laberinto de la finitud, andando al trote a lo loco, porque perdieron a Dios, parecen hojas separadas del árbol de la vida, que el viento golpea aquí y allá, por eso nos parece imposible que el Espíritu Santo pueda hacer alarde de su obra; incluso Luisa, al ver propagarse el mal en el mundo, pensaba que fuera una utopía el adviento del Reino de la Divina Voluntad en la tierra, pero Jesús, el Principe de la paz, la tranquilizaba diciéndole que Dios enviará el viento impetuoso del Espíritu Santo que purificará la tierra, pues la exhortaba a no tener miedo, porque a ella le parecía imposible el adviento del Reino, ya que utilizaba medidas humanas para los tiempos tristes que envolvían las generaciones, pero el Ser Supremo posee medidas divinas y lo que para el hombre es imposible, es fácil para Dios, entonces Dios enviará un viento impetuoso, que será tan fuerte que los hombres se dejarán transportar por las corrientes del viento que purificará el aire malsana del querer humano y convertirá todas las cosas tristes de estos tiempos en un montón y las diseminará como polvo levantada por un viento impetuoso. El viento de Dios será tan fuerte, impetuoso y operante que no será fácil resistirle, sobre todo porque sus olas serán llenas de gracias, luz, amor que llenarán las generaciones humanas y ellas se sentirán transformadas. ¿Cuántas veces un viento fuerte arroja ciudades enteras y transporta a los hombres, los árboles, las tierras, las aguas en otros lugares y quizás incluso lejanos, sin que puedan oponerse? Hace mucho más el viento divino, querido, decretado por las tres Personas divinas con su fuerza creadora. Hay que añadir también, sigue subrayando Jesús, la intervención de la Reina del Cielo que, con su imperio, reza constantemente para que llegue el Reino de la Divina Voluntad en la tierra, un Reino que se llamará el Reino de la Emperatriz Celestial. Actuará como una reina entre sus hijos en tierra, pondrá a su disposición sus mares de gracia, santidad, potencia, pondrá en fuga a todos los enemigos, crecerá a sus hijos en su seno, los esconderá en su luz, llenándolos con su amor. Dará gracias nunca oídas, nunca vistas, milagros que sacudirán los Cielos y la tierra. Tendrá campo libre para formar el Reino de la Divina Voluntad en la tierra. Será la guía, el verdadero modelo, será también el Reino de la Soberana Reina Celestial. Jesús desea tanto el adviento de esta nueva Pentecostés, y entonces las criaturas tomarán su Amor hasta el último centavo y harán cesar su llanto. Serán las almas que vivirán en el Querer Divino que tomarán todo el amor rechazado por las otras generaciones y, con la potencia de la Divina Voluntad creadora, lo multiplicarán al infinito y entonces cesará el sollozo de Dios y sucederá el sollozo de la alegría y el Amor satisfecho les dará a las afortunadas todos los bienes y la felicidad que los demás no quisieron.

El objetivo de nuestra vida es lo de convertirnos en la imagen y semejanza perfecta de Dios, ya en la tierra podemos regresar a las fuentes del Amor Eterno, porque, acogiendo el Espíritu Santo, nos llegamos a ser “amor sobrenatural” y podemos actuar en el Amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Sólo nos queda invocar el Espíritu Santo, para que nos transforme con su acto creador: “Espíritu Santo Amor, Uno y Todopoderoso Señor, danos el Espíritu del Padre y confírmanos en el Amor del Hijo. Ya no te pedimos los siete dones, sino que anhelamos tu presencia dentro de nosotros”.

¡FIAT!

Tonia Abbattista
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