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Los Sacramentos en la Divina Voluntad (segunda parte)

Los Sacramentos en los Escritos de Luisa

19/06/2017

En los Escritos descubrimos cuanto sufre Jesús para las ofensas, especialmente para los abusos y la profanación de los Sacramentos, reducidos a meta apariencia. Y además, el espíritu de interés de los que los administran. Él se siente herido por todos: por los sacerdotes, las devotas, los seculares, quien no los cuida para nada, añadiendo los desprecios; quien, frecuentándolos, hace de ellos conversaciones de placer, y quien, al no ser satisfecho en sus caprichos, llega hasta ofenderlo. Su corazón queda desgarrado al ver los sacramentos reducidos como esas pinturas, o como esas estatuas de piedra que parecen vivas y operantes desde lejos, pero tan pronto como se les acerca, se empieza a descubrir el engaño, y tocándolas ¿qué se encuentra? Papel, piedras, madera, objetos inanimados y pues totalmente desengañados. Así son los sacramentos, reducidos para la mayoría a mera apariencia. ¿Y qué hay de los que quedan más brutos que netos? ¿Y el espíritu d interés que reina en los religiosos? ¡Es algo que hace llorar! Este espíritu de interés llena mucho su interior, que desborda al exterior, hasta que incluso los seculares sienten su olor tan feo y asombrados por todo esto no prestan fe a sus palabras.

Todo esto estimula la justicia divina que Luisa consigue aplacar, subrayando que hay muchas buenas hijas que los reciben con las debidas disposiciones y que sufren mucho si no los frecuentan. Para Jesús, sigue tratándose de un número exiguo afirmando que su pena será un acto de reparación y ellas serán víctimas para los que abusan de ellos.

Entonces, los Sacramentos, de acuerdo con la manera de administrarlos y recibirlos, tienen un efecto directo en el Corazón de Jesús, que es la vida y la fuente de donde los sacramentos proceden. Como ya hemos dicho, son participación eficaz en su vida divina, en su gracia que debe ser comunicada y recibida con respeto y amor, sin otros intereses excepto su gloria y el cumplimiento de su Voluntad. Pues bien, ya que son muy pocos los que los reciben tal como Él quiere, debemos, con su ayuda, apreciarlos recibirlos dignamente y ofrecernos como víctimas de reparación para los que abusan de ellos.

Siguiendo en los Escritos, Jesús reasume el significado y el objetivo de los siete Sacramentos, describe los gemidos del Espíritu Santo en cada uno de ellos y para cada uno de ellos le pide a Luisa la recompensa de su amor. Ellos fueron instituidos para continuar Su Vida en la tierra entre Sus hijos, pero Su Amor queda decepcionado. De ahí la necesidad del pequeño amor de Luisa, que Su Voluntad hizo grande. Su Amor gime y pide el intercambio en los sacramentos a todos los que están llamados a vivir en Su Voluntad.

Él sigue pidiéndole a Luisa que no pare su amor y recorra todos los tabernáculos, cada hostia sacramental, y en cada hostia sentirá gemir el Espíritu Santo con dolor inenarrable. El sacramento de la Eucaristía no sólo es su vida que las almas reciben, sino Su misma Vida que se entrega a ellos, así que el fruto de este Sacramento es formar en ellos la Vida de Jesús y cada Comunión sirve para que crezca su Vida, se desarrolle, a fin de poder decir: «Yo soy otro Jesucristo».

Pero son muy pocos los que se aprovechan, más bien, muchas veces Él baja en los corazones y encuentra armas para herirlo y repetirle la tragedia de su Pasión. Y tan pronto como se consuman las especies sacramentales, en vez de presionarlo para que se quede con ellos, Él se ve obligado a salir mojado de lágrimas, llorando su suerte sacramental no encuentra a nadie que pueda sedar su llanto y sus gemidos dolientes. Si Luisa pudiera romper esos velos de la hostia que cubren a Jesús, lo habría encontrado mojado de llanto, conociendo la suerte que le esperaba bajando en los corazones. Por eso el intercambio de amor de Luisa por cada hostia debía ser constante, para sedar Su llanto y hacer menos dolorosos los gemidos del Espíritu Santo.

Jesús y la Divina Voluntad nos esperan dondequiera, para conseguir nuestro intercambio de amor y nuestra compañía. Fundiéndonos en la Divina Voluntad, correspondemos el Amor y la Gloria que las tres Personas Divinas manifiestan en sus obras: la Creación, la Redención y la Santificación. Luisa nos dejó escrita la manera, tal como el Espíritu le enseñó a hacer: ante todo agradeciendo y glorificando a Dios en Su Voluntad para la obra de la Creación y la de la Redención y luego bajando en ese vacío dejado por las criaturas por no dar su intercambio de amor pone su “Te amo” en todo lo que Jesús hizo y en los Sacramentos que instituyó. Y en segundo lugar debe fundirse en el orden de la Gracia, o sea en todo lo que hizo y hará el Santificador, que es el Espíritu Santo, a los que quieren ser santificados.

Pues, lo que hace eficaces los Sacramentos es la Divina Voluntad. Ella es su origen, su explicación, su “alma”. Ella es la origen y el fin, Ella es la substancia, los Sacramentos son los medios.

Bendito sea Jesucristo.

don Carlos Massieu
Comentarios
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Últimos comentarios 1 de 1
- 26/06/2017
Amen ! Gracias Padre Carlos.