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Padre Nuestro

La Voluntad de Dios es salvar lo que estaba perdido

02/10/2019
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 “El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido” (Lc 19,5-10).

«He aquí la voluntad de Dios, la que pedimos que se haga» declara Papa Francisco en la audiencia general del 20 de marzo de 2019, en su catequesis sobre el Padre Nuestro, fijando la atención en la tercera invocación de la oración «Hágase Tu Voluntad». Invocación que debe leerse junto con las dos primeras – continúa el Papa – «Santificado sea tu nombre», «Venga a nosotros tu Reino», así que el conjunto forma un tríptico.

Dios incansablemente cuida al hombre y al mundo. El Evangelio de San Lucas (Lc 19,5-10) refleja esta imagen de Dios siempre en busca de su criatura. Zaqueo se sube a un árbol porque quiere ver a Jesús, pero no sabe que, mucho antes, Dios había ido a buscarlo.

La Voluntad de Dios, encarnada en el Hijo Jesús, es buscar y salvar lo que está perdido. Y nosotros, cuando rezamos, pedimos que se cumpla este plan universal de salvación.

El Papa invita a reflexionar sobre este tema, si hemos pensando en que Dios me busca ¡justo a mi! Que detrás de esta búsqueda está Su amor grande. Y que la Voluntad de Dios es positiva hacia el mundo. «Dios no es ambiguo, no ha planeado el futuro del mundo de una manera indescifrable – recomienda el Pontífice – si no lo entendemos, nos arriesgamos a no entender el significado de la tercera frase del “Padre Nuestro”».

El mismo San Pablo, en la Primera Carta a Timoteo – sigue recordando el Papa – escribe: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1Tm 2,1-4). Así, rezando «hágase tu voluntad», no estamos invitados a bajar servilmente la cabeza – continúa el Papa – como si fuéramos esclavos. ¡No! Dios nos quiere libres. Nos quiere hijos. Su amor tiene esta prerrogativa: ¡nos libera! El Padre Nuestro es, de hecho, la oración de los hijos, no de los esclavos; sino de los hijos que conocen el corazón de su padre y están seguros de su plan de amor.

Dios nunca deja de llamar a sus hijos para darles todo el Bien, todos Sus Bienes. Dios, con Su amor, toca, sin rendirse, a la puerta del corazón del hombre, para conducirlo por el camino de la salvación.

Este hombre (que Yo quise que estuviera en mi Voluntad por su voluntad, no forzado, porque lo amé más que a todas las demás cosas creadas, y quería que fuera como rey en medio de mis obras), ingrato, quiso salir de su principio. Por eso se transformó, y perdió su frescura, su belleza, y quedó sujeto a alteraciones y cambios continuos. Y, por mucho que lo llame para que regrese a su principio, se hace el sordo y finge no escucharme; pero es tanto mi Amor que sigo esperándolo y llamándolo.” (Jesús a Luisa: Vol. XVII 27 de enero de 1925)

El Padre Nuestro – sigue afirmando el Papa – es la oración que enciende en nosotros el mismo amor de Jesús por la voluntad del Padre. Incluso en la hora de la prueba más dura. Así fue para Jesús en el Huerto de Getsemaní, cuando, experimentando la angustia, aplastado por el mal del mundo, se abandona confiadamente a la Voluntad del Padre, y reza diciendo: “¡Padre, si quieres, aparta de Mí esta copa! Pero, no se haga Mi voluntad sino la Tuya!” (Lucas 22, 42).

(Audiencia general – 20 de marzo de 2019 https://youtu.be/16_OTalRn-k)

El acto más hermoso de la criatura es lanzarse en Nuestros brazos, abandonarse para que Nos deje hacer lo que queramos de ella, tanto en el tiempo como en la eternidad, y entonces Nosotros tomamos el gusto de hacer de ella una de las estatuas más hermosas que debe honrar nuestra Jerusalén Celestial.” ... “Hija mía, cuando la criatura se abandona en nuestra Voluntad, es tanta nuestra complacencia, que ella se vierte en Nosotros, y Nosotros nos vertemos en ella, y le damos nueva vida nuestra, nuevo amor, nueva santidad, nuevos conocimientos de nuestro Ente Supremo. ... Nosotros podemos cumplir en ella los prodigios más grandes, y las Gracias más sorprendentes, porque está nuestra misma Voluntad que recibe y hace el depósito de lo que queremos darle a la criatura.” (Jesús a Luisa: Vol. XXXV-6 de marzo de 1938)

Pues, en el Padre Nuestro, en las palabras “hágase tu Voluntad” está la oración que todos le dirigimos a la Voluntad Suprema, y en el “en la tierra, como en el Cielo”, que el hombre vuelva a esa Voluntad de la que salió, para volver a adquirir su felicidad, los bienes perdidos, y la posesión de su reino.” (Vol. XX-15 de octubre de 1926)

¡Fiat!

Riccardina
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