Todas las oraciones

El adiós de la tarde a Jesús Sacramentado.

 

¡Oh Jesús mío!

Prisionero celestial, ya el sol está en el ocaso

y las tinieblas invaden la tierra,

y Tú quedas solo en el tabernáculo de amor.

Me parece verte triste por la soledad de la noche,

no teniendo en torno a Ti la corona de tus hijos y de tus tiernas esposas,

que al menos te hagan compañía en tu voluntario cautiverio.

 

Oh mi prisionero divino,

también yo siento que el corazón se me oprime

por tener que alejarme de Ti,

y me veo forzada a decirte adiós, pero qué digo, ¡oh Jesús!,

nunca jamás adiós, no tengo ánimo de dejarte solo,

adiós te digo con los labios pero no con el corazón,

más bien mi corazón lo dejo junto Contigo en el sagrario,

contaré tus latidos y te corresponderé,

por cada uno, con un latido de amor;

numeraré tus afanosos suspiros,

y para darte consuelo te haré descansar en mis brazos;

seré tu vigilante centinela, estaré atenta

para ver si alguna cosa te aflige o te da dolor,

no sólo para no dejarte nunca solo,

sino para tomar parte en todas tus penas.

 

¡Oh, corazón de mi corazón! ¡Oh amor de mi amor!

Deja ese aire de tristeza y consuélate, no resisto verte afligido.

Mientras con los labios te digo adiós, te dejo mis respiros, mis afectos,

mis pensamientos, mis deseos y todos mis movimientos,

que enlazando entre ellos continuos actos de amor,

unidos a los tuyos te formarán una corona, te amarán por todos.

¿No estás contento, ¡oh! Jesús. Parece que me dices que sí, ¿no es verdad?

 

Adiós, ¡oh! amante prisionero,

pero aún no he terminado, antes de irme

quiero dejar también mi cuerpo ante Ti,

intento hacer de mi carne, de mis huesos,

tantos diminutos pedazos para formar tantas lámparas

por cuantos sagrarios existen en el mundo,

y de mi sangre hacer tantas llamitas para encender estas lámparas,

y en cada sagrario quiero poner mi lámpara,

que uniéndose a la lámpara del sagrario que te ilumina la noche, te dirá:

“Te amo, te adoro, te bendigo, te ofrezco reparación

y te doy las gracias por mí y por todos”.

 

Adiós, ¡oh! Jesús, pero escucha una última cosa:

“Hagamos un pacto, y el pacto sea que nos amemos más;

Tú me darás más amor, me encerrarás en tu amor,

me harás vivir de amor y me sepultarás en tu amor;

estrechemos más fuertemente el vínculo del amor”.

Sólo estaré contenta si me das tu amor para poder amarte de verdad.

 

Adiós ¡oh! Jesús, bendíceme, bendice a todos,

estréchame a tu corazón, aprisióname en tu amor,

y dándote un beso en el corazón te dejo, adiós, adiós.

 


 
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