¡Oh santa esperanza, qué admirable eres!


Yo me imagino ver al alma poseída por esta bella esperanza,
como a un noble viajero, que camina para ir a tomar posesión
de una tierra que formará toda su fortuna.


Pero como es un desconocido y viaja por tierras que no son suyas,
unos se burlan de él, otros lo insultan, lo despojan de sus vestiduras
y hay quien llega hasta darle una paliza y a amenazarlo con despellejarlo,
y el noble viajero, ¿qué hace ante todas estas pruebas?
¿Se turbará?


¡Ah, no, jamás! Es más se burlará de quienes le hacen todo esto
y sabiendo, con certeza, que cuanto más sufra
tanto más será honrado y glorificado cuando llegue a tomar posesión de sus tierras, por eso él mismo incita a la gente para que lo atormenten más.


Pero él siempre está tranquilo, goza de la más perfecta paz,
pero lo que es más, mientras se encuentra en medio a estos insultos
se mantiene tan calmado que mientras los demás están muy despiertos a su alrededor,
él duerme en el seno de su suspirado Dios.


¿Quién le suministrará a este viajero tanta paz
y tanta firmeza para continuar el viaje emprendido?


Ciertamente la Esperanza de los bienes eternos que serán suyos,
y que siendo suyos lo superará todo para tomar posesión de ellos.


Ahora bien, pensando que son suyos, llega a amarlos,
y entonces la Esperanza hace que nazca la Caridad.


 
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