160 aniversario del nacimiento
de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta
Saludo de Su Excelencia Reverendísima Monseñor Leonardo D’Ascenzo, Arzobispo de Trani-Barletta-Bisceglie
Saludo con afecto a todos los presentes, un saludo cordial a todos, a Su Excelencia Monseñor Buzon Patricio Abella, a los presbíteros, a los consagrados, a las familias, a todos los laicos aquí presentes. Estoy muy contento de compartir con ustedes este momento del congreso.
Un congreso muy significativo, muy importante. Son 160 años desde el nacimiento de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta. Y es muy bonito encontrarnos juntos para reflexionar sobre el tema de la Divina Voluntad como Fuente de Unidad. Para nosotros, cristianos y discípulos de Jesús, no hay tema más bello que el de la unidad, la comunión, el ser uno solo en profesar nuestra fe, en vivir nuestra vida según los valores del Evangelio, en dar testimonio de ello, en poder y desear caminar juntos.
En estos días, en el día de ayer y esta mañana, ya han profundizado el tema en el ámbito eclesial, teológico y espiritual y a mí me gustaría compartir algunas de mis reflexiones sobre el tema, además de lo que ya han escuchado anteriormente, pero antes quisiera recordar en qué punto de nuestro camino juntos nos encontramos, dentro del procedimiento canónico respecto a la beatificación de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta.
Todos recordamos bien que en 2019 el Dicasterio de las Causas de los Santos había suspendido temporalmente este proceso. ¿Por qué? Porque el Dicasterio para la Doctrina de la Fe había señalado en los escritos de Piccarreta algunas ambigüedades – así se pronunció el Dicasterio – no errores doctrinales, sino ambigüedades, tanto en el ámbito teológico como en el cristológico y antropológico, se trataba de ambigüedades también debidas al contexto en el que Piccarreta vivió, vinculadas a la cultura, al lenguaje a través del cual ella se expresó y comunicó en su diario; ambigüedades vinculadas a una acentuación del tema de la justicia, por ejemplo, de la justicia divina o de la expiación de los pecados, o de cierta visión negativa de la realidad, de la experiencia del ser humano.
Ambigüedades que requerían ser profundizadas, mejor aclaradas, cosa que la Postulación ha procedido a hacer en respuesta a la solicitacón por parte del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Por eso, después de algunos años, en junio de 2024, el pasado verano, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe dio la autorización para que el proceso canónico pudiera reanudarse. Sin embargo, el Dicasterio pidió que se procediera con la publicación del texto, con la edición típica y crítica del diario, un texto oficial, un texto que además estuviera acompañado por una introducción que, de alguna manera, ayudara al lector a comprender bien y correctamente esas ambigüedades que resultaban, resultan o podrían resultar de una lectura de estos textos.
Una edición típica, es decir, un texto oficial que pueda ser la única referencia para todos, de modo que no haya traducciones por parte de alguien y quizás traducciones que no respeten lo que es el texto, y por lo tanto también el contenido, de lo escrito por Piccarreta.
En fin, estas solicitudes por parte del Dicasterio son solicitudes que de alguna manera invitan a todos a caminar juntos, invitan a todos a la unidad, a evitar divisiones, varios caminos, varias lecturas, varias interpretaciones, varios textos. Pero todo esto debería precisamente ayudarnos a vivir la unidad, a vivir como Iglesia, porque la Iglesia es –somos – comunión, somos familia, y una familia camina junta, con un solo corazón. Y el corazón de esta familia no puede ser más que el corazón de Dios. Entonces, me parece muy importante el punto en que nos encontramos en este camino, después de haber vivido algunos años de reflexión, con un poco de esfuerzo y dedicación. De hecho, cuando se vive en la Divina Voluntad, se vive la obediencia a Dios en la Iglesia y se vive la obediencia a la Iglesia, sólo puede llegar el bien para todos. Y eso es lo que estamos viviendo y experimentando en este momento.
Me gustaría añadir, si su paciencia me lo permite, como decía, algunas de mis reflexiones sobre el tema muy hermoso e importante de la unidad, la Divina Voluntad fuente de Unidad.
En la Iglesia, sacramento de comunión con Dios y de toda la humanidad, estamos llamados, con la ayuda de los sacramentos y sobre todo de la Eucaristía, a vivir relaciones de comunión. La primera y necesaria condición para que podamos acoger lo que el Señor tiene en su corazón para nosotros – la Divina Voluntad – es precisamente la comunión. Lo sabemos bien, sin ésta, sin comunión, no podemos ir a ninguna parte, no podemos definirnos ni ser Iglesia. Sentámonos llamados a poner en práctica las palabras pronunciadas hace algunos años por el Papa Francisco que queremos recordar, sé que ya lo han hecho en estos días, pero lo hacemos nuevamente hoy, seguimos haciéndolo, lo recordamos en nuestra oración, lo recordamos con afecto y con tanta gratitud a Dios por habérnoslo dado como Pastor, como Guía de la Iglesia, como Guía para todos nosotros. Lo haremos de modo particular en la Celebración de la Misa.
El Papa Francisco dijo: “No pierdan el tiempo precioso en chismes, desconfianzas y contraposiciones”; a veces en la Iglesia, en nuestras comunidades, también sucede esto. Por favor – decía el Papa Francisco – ¡no malgasten el tiempo! No podemos vivir bien el tiempo si no estamos construyendo comunión.
Es necesario en nuestra vida, en nuestros grupos, en nuestras iglesias, cultivar la espiritualidad de comunión y tener como método la sinodalidad. “Espiritualidad” es un concepto concreto, indica la vida concreta, la de todos los días, animada por el Espíritu Santo. “Espiritualidad” es esto, la vida de todos los días animada por el Espíritu Santo.
Esto significa que la vida solo puede ser vivida en comunión, siguiendo a Jesús caminando juntos. Juntos orar, reflexionar, discernir, actuar. Todos juntos, obispos, presbíteros, consagrados, laicos, grupos, asociaciones. No hay caminos solitarios a recorrer, la comunión es condición necesaria para experimentar la presencia de Jesús y creer en Él. Si no hay comunión, entre nosotros no podemos experimentar la presencia de Jesús, no es posible conocer a Jesús, no es posible creer en Él. ¡Es necesaria la comunión! Donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, dijo Jesús, yo estoy presente en medio de ellos (Cf. Mt 18,20).
Para hacer experiencia de Jesús, para creer en Él, para dar testimonio de Él, en primer lugar no necesitamos crecer en genialidad, inteligencia, estructuras, estrategias, cosas todas buenas, sino que necesitamos sobre todo, como condición irrenunciable, crecer en comunión, si realmente queremos transformar este tiempo de prueba que estamos viviendo; un tiempo muy hermoso por ciertos aspectos, pero también un tiempo difícil por otros aspectos, marcado por violencia, por guerras combatidas con armas, guerras comerciales, guerras económicas, pero nosotros sentimos la llamada y el deseo de comprometernos en dar nuestro aporte para que la humanidad, el mundo, los entornos en los que vivimos puedan construir comunión.
Pidamos al Señor que nos ayude a sentir fuerte el deseo de caminar juntos, poniendo cada uno, a sí mismo, al servicio de todos en un proyecto común.
Estas reflexiones son particularmente válidas en este tiempo en el que, como nos ha dicho el Papa Francisco, el camino de la sinodalidad – el camino que estamos llamados a vivir y recorrer juntos – es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio. La sinodalidad, de hecho, es una dimensión constitutiva de la Iglesia. Lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra “Sínodo” (Cf. Francisco, Discurso en ocasión de la conmemoración del 50º aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos, 17 de octubre de 2015).
Voy concluyendo, haciendo referencia a un texto, a un versículo del Evangelio de San Marcos, en el capítulo 10, versículo 35, donde se nos cuenta la experiencia de los dos hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, quienes eran personas buenas, naturalmente; para seguir a Jesús lo habían dejado todo, eran personas generosas y valientes. Se acercaron a Jesús y le pidieron que hiciera algo según sus expectativas.
Piden, quieren que Jesús actúe: «Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir». De esta manera intentan retorcer la acción de Jesús a su voluntad. Y a veces es lo que hacemos también nosotros cuando oramos, pedimos a Dios que intervenga y actúe según nuestras solicitudes. Nosotros pedimos y Dios debería responder. En realidad, las cosas son diferentes.
Pensemos en lo que ocurre en la vida de Jesús. El Espíritu lo dirige al desierto y Él responde yendo al desierto. El Espíritu lo dirige a iniciar el ministerio público y Él responde iniciando el ministerio del Anuncio del Reino. El Padre le pide el sacrificio de la muerte en la cruz y Él, en obediencia, acoge esta voluntad.
Entonces, en la relación con Dios, es Él quien nos habla y manifiesta Sus expectativas, y somos nosotros quienes debemos responder. En la Celebración de la Misa, por ejemplo, como viviremos dentro de poco, las lecturas, la Palabra de Dios proclamada, es Dios mismo quien habla y nos manifiesta Su Voluntad, Sus expectativas, nos pide algo y somos nosotros quienes debemos responder.
Concluyo, en el camino sinodal – que es este caminar juntos, camino que el Papa Francisco ha querido que especialmente en este tiempo la Iglesia y todos nosotros podamos vivir – la “conversación en el Espíritu”, que todos nosotros hemos aprendido a vivir, nos ayuda a ponernos a la escucha, a escucharnos mutuamente entre nosotros, para escuchar lo que el Espíritu Santo quiere comunicarnos. Es evidente que como Iglesia, sin la escucha de los demás y del Espíritu, no podemos construir el camino a recorrer. Y también es evidente que no podemos vivir la oración como una petición a Dios de ayudarnos a realizar lo que ya hemos planeado.
No lo olvidemos, en la oración, en la “conversación en el Espíritu”, quien pide, quien manifiesta expectativas es Él, es Dios. Quien responde, somos nosotros.
Solo partiendo de esta modalidad de relación, de este estilo asimilado y practicado, podemos, a través del discernimiento, llegar a decisiones compartidas que son nuestra respuesta para vivir y realizar, para vivir en la Divina Voluntad y seguire caminando juntos.
Concluyo, de verdad, dirigiendo ahora un saludo particular a lo que es la primera asociación, es decir, los Pequeños Hijos de la Divina Voluntad Filipinas-USA, que entran oficialmente en la que es la familia de la Divina Voluntad.