Volver a los evangelios

Ascensión del Señor

“Durante cuarenta días quise permanecer resucitado para confirmar mi resurrección y poner el sello a todos los bienes de la Redención”

22/05/2020
Comenta este elemento

Queridos hermanos y hermanas, ¡Fiat!

Hoy celebramos la Ascensión de Jesús al cielo, que sucedió cuarenta días después de la Pascua. La página evangélica (Mt 28,16-20), la que concluye con el Evangelio de Mateo, nos presenta el momento de la despedida definitiva del Resucitado de sus discípulos. La escena está ambientada en Galilea, el lugar donde Jesús les había llamado para seguirle y para formar el primer núcleo de su nueva comunidad. Ahora esos discípulos han pasado a través del “fuego” de la pasión y de la resurrección; al ver al Señor resucitado se postrarán delante, pero algunos todavía tienen dudas. A esta comunidad con miedo, Jesús deja la gran tarea de evangelizar al mundo; y concreta este encargo con la orden de enseñar y bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (v. 19).

La Ascensión de Jesús al cielo constituye por eso el final de la misión que el Hijo ha recibido del Padre y el inicio de la continuación de tal misión por parte de la Iglesia. Desde este momento, desde el momento de la Ascensión, de hecho, la presencia de Cristo en el mundo es mediada por sus discípulos, por aquellos que creen en Él y lo anuncian. Esta misión durará hasta el final de la historia y gozará cada día de la asistencia del Señor resucitado, el cual asegura: «Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo» (v. 20).

Y su presencia lleva fortaleza ante las persecuciones, consuelo en las tribulaciones, apoyo en las situaciones de dificultad que encuentran la misión y el anuncio del Evangelio. La Ascensión nos recuerda esta asistencia de Jesús y de su Espíritu que da confianza, da seguridad a nuestro testimonio cristiano en el mundo. Nos desvela por qué existe la Iglesia: la Iglesia existe para anunciar el Evangelio. ¡Solo para eso! Y también, la alegría de la Iglesia es anunciar el Evangelio. La Iglesia somos todos nosotros bautizados. Hoy estamos invitados a comprender mejor que Dios nos ha dado la gran dignidad y la responsabilidad de anunciarlo al mundo, de hacerlo accesible a la humanidad. Ésta es nuestra dignidad, éste es el honor más grande para cada uno de nosotros, ¡de todos los bautizados!

En esta fiesta de la Ascensión, mientras dirigimos la mirada al cielo, donde Cristo ha ascendido y está sentado a la derecha del Padre, reforcemos nuestros pasos en la tierra para proseguir con entusiasmo y valentía nuestro camino, nuestra misión de testimoniar y vivir el Evangelio en todo ambiente. Somos muy conscientes de que ésta no depende en primer lugar de nuestras fuerzas, de capacidades organizativas o recursos humanos. Sólo con la luz y la fuerza del Espíritu Santo nosotros podemos cumplir eficazmente nuestra misión de dar a conocer y experimentar cada vez más a los demás el amor y la ternura de Jesús.

En esta fiesta de la Ascensión renovemos todos nuestro compromiso de vivir y dar a conocer el don que el Señor quiso hacer a su Iglesia, manifestando el gran don de vivir en la Divina Voluntad. Un don que, antes que nada, debe acogerse, vivirse, a pesar de nuestras miserias (sabemos muy bien que no es un esfuerzo nuestro, sino una Gracia que llega de Dios), y, al final, dado a conocer a la humanidad.

El 10 de octubre de 1928 Jesús le dice a Luisa que todo lo que el Señor le dijo a ella, tanto sobre la Encarnación como sobre la Divina Voluntad y más, no fue más que el desahogo del amor divino, pero, después de desahogar con Luisa, su amor quedó reprimido, porque quería levantar más arriba sus llamas, para llenar todos los corazones y dar a conocer lo que hizo y quiere hacer por las criaturas. Y, como todo lo que Jesús le dijo a Luisa yace en el escondimiento, Él siente una pesadilla sobre su Corazón que lo comprime e impide que sus llamas se levanten y hagan su camino. Cuando leemos estos escritos sobre la vida en la Divina Voluntad, Jesús se siente quitar la pesadilla y aliviar la carga que comprime las llamas de su corazón, y nos hace sentir la repetición de todos aquellos excesos de amor. Su amor reprimido es una de las penas más grandes para Jesús, que lo hace taciturno y triste, porque, careciendo de vida sus primeras llamas, no puede sacar las demás que lo devoran y lo consumen. Y, por eso, a aquellos que se dedican a la lectura y a dar a conocer estos secretos de amor, Él les dará tanta gracia sorprendente, fuerza para hacerlo y luz para conocer ellos primero lo que darán a conocer a los demás. Él estará en medio de ellos y lo guiará todo.

Terminamos esta reflexión nuestra con la bendición que Jesús le dio a Luisa, invocándola también sobre cada uno de nosotros:

 

“Hija mía, de todo corazón te bendigo,

bendigo mi misma Voluntad en ti,

bendigo tus pensamientos, alientos y latidos,

a fin de que siempre pienses en mi Querer, lo respires constantemente

y sólo mi Voluntad sea tu latido y por tu amor bendigo todas las voluntades humanas,

a fin de que se dispongan a recibir la vida de mi Eterno Querer.

Hija mía queridísima, si tú supieras qué dulce es,

lo feliz que me siento de bendecir a la pequeña hija de mi Querer.

Mi Corazón se alegra al bendecir a aquella que posee

la origen, la vida de nuestro ‘Fiat’, que llevará el comienzo,

el principio del reino de mi Divina Voluntad.

Y, mientras te bendigo, derramo en ti el rocío benéfico de la luz de mi Querer Divino

que, abrillantándote toda, te hace parecer más linda a mis miradas sacramentales

y Yo me sentiré más feliz en esta custodia,

de mirar a mi pequeña hija prisionera,

colmada y atada de las dulces cadenas de mi Voluntad.

Y cada vez que te bendeciré, haré crecer la vida de mi Querer Divino en ti.

Qué bonita es la compañía de quien hace mi Divina Voluntad,

Ella lleva en el fondo del alma el eco de todo lo que hago en esta hostia santa

y Yo no me siento solo en mis actos, siento quien reza junto conmigo

y, uniéndose juntas nuestras súplicas, nuestros suspiros, sólo pedimos una cosa,

que la Divina Voluntad se conozca y llegue pronto su reino”.

¡Fiat!

don Marco
Comentarios
¿Tiene un comentario? Registro o realiza Login!
Últimos comentarios 0 de 0
No hay comentarios