Volver a los evangelios

I Domingo de Cuaresma

19/02/2021
Comenta este elemento

Queridos hermanos y hermanas, ¡Fiat!

En este primer domingo de Cuaresma, el Evangelio menciona los temas de la tentación, la conversión y la Buena Noticia. Escribe el evangelista Marcos: «El Espíritu lo llevó al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás» (Marcos 1,12-13). Jesús va al desierto a prepararse para su misión en el mundo. Él no necesita conversión, pero, en cuanto hombre, debe pasar a través de esta prueba, ya sea por Sí mismo, para obedecer a la voluntad del Padre, como por nosotros, para darnos la gracia de vencer las tentaciones. Esta preparación consiste en la lucha contra el espíritu del mal, es decir, contra el diablo. También para nosotros la Cuaresma es un tiempo de “agonismo” espiritual, de lucha espiritual: estamos llamados a afrontar al Maligno mediante la oración para ser capaces, con la ayuda de Dios, de vencerlo en nuestra vida cotidiana. Nosotros lo sabemos, el mal está lamentablemente funcionando en nuestra existencia y entorno a nosotros, donde se manifiestan violencias, rechazo del otro, clausuras, guerras, injusticias. Todas estas son obra del maligno, del mal.

Inmediatamente después de las tentaciones en el desierto, Jesús empieza a predicar el Evangelio, es decir, la Buena Noticia, la segunda palabra. La primera era “tentación”; la segunda, “Buena Noticia”. Y esta Buena Noticia exige del hombre conversión – tercera palabra – y fe. Él anuncia: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca»; después dirige la exhortación: «Conviértanse y crean en la Buena Noticia» (v. 15), es decir crean en esta Buena Noticia que el Reino de Dios está cerca. En nuestra vida siempre necesitamos conversión – ¡todos los días! –, y la Iglesia nos hace rezar por esto. De hecho, no estamos nunca suficientemente orientados hacia Dios y debemos continuamente dirigir nuestra mente y nuestro corazón a Él. Para hacer esto es necesario tener la valentía de rechazar todo lo que nos lleva fuera del camino, los falsos valores que nos engañan atrayendo nuestro egoísmo de forma sutil. Sin embargo, debemos fiarnos del Señor, de su bondad y de su proyecto de amor para cada uno de nosotros. La Cuaresma es un tiempo de penitencia, sí, ¡pero no es un tiempo triste! Es un compromiso alegre y serio para despojarnos de nuestro egoísmo, de nuestro hombre viejo, y renovarnos según la gracia de nuestro Bautismo.

Sólo Dios puede donarnos la verdadera felicidad: es inútil que perdamos nuestro tiempo buscándola en otro lugar, en las riquezas, en los placeres, en el poder, en la carrera... El Reino de Dios es la realización de todas nuestras aspiraciones, porque es, al mismo tiempo, salvación del hombre y gloria de Dios. En este primer domingo de Cuaresma, estamos invitados a escuchar con atención y recoger este llamamiento de Jesús a convertirnos y a creer en el Evangelio. Somos exhortados a iniciar con compromiso el camino hacia la Pascua, para acoger cada vez más la gracia de Dios, que quiere transformar el mundo en un reino de justicia, de paz, de fraternidad.

El 25 de junio de 1928, Jesús le explica a Luisa el motivo y el propósito de su estancia en el desierto. Luisa hacía su giro en el “Fiat Divino” y comenzó a seguir a Jesús cuando tomó el camino del desierto, preguntándose por qué Jesús había tomado justo ese camino. Allí no había almas para convertir, sino una profunda soledad, mientras Él buscaba almas; pero mientras ella pensaba en esto, Jesús, moviéndose en su interior, le contestó, diciendo primero que la compañía rompe el dolor y lo disminuye, en cambio el aislamiento lo concentra, lo duplica y lo hace más crudo y luego él quiso ir solo en el desierto, para sentir en su Humanidad toda la dureza del aislamiento que su Divina Voluntad había sufrido de las criaturas durante tantos siglos. Su Humanidad debía subir al orden divino y descender al orden humano para poder encerrar los dolores de uno y otro y, tomando toda la parte dolorosa que separaba al hombre de Dios, hacerlos entrar de nuevo al abrazo, al beso de su Creador.

Pero éste no fue el único propósito de la ida de Jesús al desierto; su adorable Majestad, al formar la Creación, establecía que todo debía estar poblado de habitantes, la tierra debía ser fértil, rica en plantas abundantes, para que todos debían vivir en la abundancia.

Cuando el hombre ha pecado, ha atraído la indignación de la justicia divina y la tierra quedó abandonada, estéril y en muchos lugares despoblada, imagen de esas familias estériles donde no hay alegría, ni fiesta, ni armonía, porque sin hijos no hay quien rompa la monotonía de dos esposos y pesa sobre ellos la pesadilla del aislamiento que trae amargura.

En cambio, donde hay hijos, siempre hay algo que hacer, que decir, hay ocasiones para celebrar. Así es la familia humana.

Si miramos al cielo vemos que está poblado de estrellas, la tierra debería haber sido el eco del Cielo, llena de habitantes y debería haber producido tanto para hacer ricos y felices a todos.

Entonces, en cuanto el hombre se sustrajo de la Voluntad de Dios, así cambió su destino y Jesús quiso ir al desierto para volver a llamar las bendiciones del Padre Celestial y recordar su Voluntad de reinar, restaurar la tierra, poblarla y fecundarla de manera que la tierra pudiera producir otros gérmenes más hermosos para multiplicarla, más fértil y de belleza deslumbrante.

¡Cuántas grandes cosas hará el reino del “Fiat Divino”!

Tanto es así que todos los elementos están a la espera: el Sol, el viento, el mar, la tierra y toda la Creación están esperando para sacar todos los bienes y efectos que contienen, porque no reinando en medio de las criaturas esa Divina Voluntad que domina en ellos, no sacan todos los bienes que contienen y sólo dan lo que les conviene a título de limosna y de siervos.

En consecuencia, la tierra no ha producido todos los gérmenes, el Sol, al no encontrar todos los gérmenes, no produce todos los efectos y bienes que posee y así con todo lo demás. Por eso todos esperan el reino del ‘Fiat’ para mostrar lo ricos que son y cuántas cosas maravillosas ha puesto en ellos el Creador, por amor de aquellos que deben ser hijos de su Querer.

don Marco
Comentarios
¿Tiene un comentario? Registro o realiza Login!
Últimos comentarios 0 de 0
No hay comentarios