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Solemnidad del Corpus Domini

04/06/2021
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Queridos hermanos y hermanas, ¡Fiat!

Hoy se celebra la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo o, según la expresión latina más conocida, la solemnidad del Corpus Domini. El Evangelio nos trae las palabras de Jesús, pronunciadas en la Última Cena con sus discípulos: «Tomen, éste es mi cuerpo». Y después: «Ésta es mi sangre de la alianza, que se derrama por muchos» (Mc, 14,22-24). Precisamente en la fuerza de ese testamento de amor, la comunidad cristiana se reúne cada domingo y cada día, en torno a la eucaristía, sacramento del sacrificio redentor de Cristo. Y atraídos por su presencia real, los cristianos lo adoran y lo contemplan a través del humilde signo del pan convertido en su Cuerpo.

Cada vez que celebramos la Eucaristía, a través de este Sacramento sobrio y al mismo tiempo solemne, experimentamos la Nueva Alianza, que realiza en plenitud la comunión entre Dios y nosotros. Y como participantes de esta Alianza, nosotros, aunque pequeños y pobres, colaboramos en la edificación de la historia, como Dios quiere. Por eso, toda celebración eucarística, a la vez que constituye un acto de culto público a Dios, recuerda la vida y hechos concretos de nuestra existencia. Mientras nos nutrimos con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, nos asimilamos a Él, recibimos en nosotros su amor, no para retenerlo celosamente, sino para compartirlo con los demás. Esta lógica está inscrita en la Eucaristía, recibimos su amor en nosotros y lo compartimos con los demás. Ésta es la lógica eucarística. En ella, de hecho, contemplamos a Jesús como pan partido y donado, sangre derramada por nuestra salvación. Es una presencia que, como un fuego, quema en nosotros las actitudes egoístas, nos purifica de la tendencia a dar sólo cuando hemos recibido, y enciende el deseo de hacernos, también nosotros, en unión con Jesús, pan partido y sangre derramada por los hermanos.

Por lo tanto, la fiesta del Corpus Domini es un misterio de atracción a Jesucristo y de transformación en Él. Y es escuela de amor concreto, paciente y sacrificado, como Jesús en la cruz. Nos enseña a ser más acogedores y disponibles con quienes están en búsqueda de comprensión, ayuda, aliento y están marginados y solos. La presencia de Jesús vivo en la Eucaristía es como una puerta, una puerta abierta entre el templo y el camino, entre la fe y la historia, entre la ciudad de Dios y la ciudad del hombre. 

Jesús, transfórmame en Ti,

hazme una cosa contigo.

Jesús, quiero hacer mía tu Vida, tus oraciones, tus gemidos de amor,

  tus dolores, tus latidos de fuego con los que Tú quieres quemarme.

En esta Hostia renaces, vives, mueres y te consumas;

Yo también, Jesús mío, quiero consumirme por Ti.

Quiero repetir lo que Tú haces

para hacerte sentir como si te estuvieras recibiendo a Ti mismo una vez más;

quiero darte gloria completa, contentos divinos, desahogos de amor que Te ennoblecen.

Jesús mío, quiero ser consumido por tu propia consumación.

 (Vol XI, 24 de febrero de 1917)

 

Quiero vivir todos mis actos en tu Voluntad,

que es mi Vida entera como es tu Vida.

Cada acto hecho por mí en tu Divina Voluntad,

es un hostia que yo quiero darte y de la que Tú puedes alimentarte, como yo me alimento de Ti;

cada acto mío en tu Voluntad,

es un hostia que yo formo para devolverte amar por Amor.

(Vol XII, 20 de octubre de 1917)

 

Porque, como Tú en la Santa Hostia, Te vuelves Comida para mí,

Así yo quiero volverme comida para Ti y quiero que todo mi interior:

mis pensamientos, afectos, deseos, inclinaciones, latidos, suspiros,

amor, todo, todo tienda a Ti;

quiero convertir todo mi interior en alimento para Ti.

Así que Tú, mi Bien amado,

viendo el verdadero fruto de tu Comida que me das,

que es divinizar mi alma y convertirla toda en Ti,

Tú mismo puedes alimentarte de mi alma,

entonces alimentándote de mis deseos, mi amor y todo lo demás.

Y entonces yo puedo decirte:

“Como Tú, mi Amor, has venido a hacerte mi Comida y darme todo,

yo también me he hecho tu comida;

no me queda nada para darte, mi buen Jesús, porque todo lo que soy es tuyo”.

 (Vol VI, 17 novembre 1904)

 

don Marco
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