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La Divina Voluntad es Acto presente y Verdad

Caricias de luz

05/07/2024
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Meditando en los escritos de Luisa, me concentré en el pasaje del 1 de julio de 1907, Tomo 8. En la primera parte, Luisa, dirigiéndose interiormente a Dios, siente que está equivocada porque percibe la diferencia entre ella y una santa de que estaba leyendo, que siempre pensaba en sus propios pecados cometidos y pedía perdón a Dios mientras que ella, por el contrario, no pensaba constantemente en sus propios pecados.

Jesús le reprocha dulcemente diciéndole que la Divina Voluntad no produce pecados, imperfecciones, es siempre santa y quien vive en Ella ya queda santificado y goza, se alimenta y piensa en todo lo que contiene la Voluntad de Dios, y aunque en el pasado el alma ha cometido pecados, encontrándose en la belleza, en la santidad, en la inmensidad de los bienes que contiene la Divina Voluntad, olvida lo malo de su pasado y sólo recuerda el presente.

Para quien vive en la Divina Voluntad, todo está en acto presente y el alma ve la obra de la Creación con los ojos de Jesús. El poeta William Blake escribe:

Para ver el mundo en un grano de arena / y el Cielo en una flor silvestre, / abarca el infinito en la palma de tu mano, / y la eternidad en una hora.

Sólo cuando el alma deja la Voluntad de Dios y vuelve a su propio ser, se acuerda de pecados y miserias.

Los pensamientos de pecados y de sí mismo no entran, ni pueden entrar, en la Divina Voluntad, y si el alma los siente, quiere decir que no está estable y fija en Dios.

En la segunda parte, Jesús habla de la Verdad; se persigue en este tiempo cuando todo es falsedad y duplicidad.

Tengan cuidado de los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. (Mt. 7,15)

Pero por mucho que se la persiga, no se puede dejar de saber que es la Verdad, y llega el momento en que esa misma Verdad perseguida llega a ser reconocida y amada.

“No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido”. (Lc. 12,2)

El Catecismo de la Iglesia Católica, en el párrafo 2505, recuerda que «la verdad o veracidad es la virtud que consiste en mostrarse puros en las propias acciones y en expresar la verdad en las palabras, evitando la duplicidad, el disimulo y la hipocresía».

¿Qué es la verdad? pregunta el Papa Francisco en la audiencia general del 14 de noviembre de 2018.

La verdad – continua el Santo Padre – encuentra su plena realización en la persona misma de Jesús (cf. Juan 14, 6), en su modo de vivir y de morir, fruto de su relación con el Padre. Esta existencia como hijos de Dios, Él, resucitado, nos la da también a nosotros enviando al Espíritu Santo, que es Espíritu de verdad, que atestigua a nuestro corazón que Dios es nuestro Padre (cf. Romanos 8, 16). «En cada acto suyo, el hombre, las personas, afirman o niegan esta verdad. Desde las pequeñas situaciones cotidianas a las elecciones más comprometidas.» […] Preguntémonos: ¿qué verdad atestiguan las obras de nosotros cristianos, nuestras palabras, nuestras elecciones? Cada uno puede preguntarse: ¿Yo soy un testigo de la verdad o soy más o menos un mentiroso disfrazado de verdadero? Los cristianos no somos hombres y mujeres excepcionales. Sino que somos hijos del Padre Celestial.

Vivir como hijos de Dios significa dejar emerger en cada obra la gran verdad: que Dios es Padre y que nos podemos fiar de Él:

Yo me fío de Dios, esta es la gran verdad.

 

Frank – grupo de Phyllis – Irlanda

La Redazione
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