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La Eucaristía: llegamos a ser lo que recibimos

31/05/2024
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San Marcos 8, 14-21

En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan, y no tenían más que un pan en la barca.
Y Jesús les ordenaba diciendo:
«Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes».
Y discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes.
Dándose cuenta, les dijo Jesús:
«¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís? ¿No recordáis cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil?». Ellos contestaron:
«Doce»
«¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?».
Le respondieron:
«Siete». Él les dijo:
«¿Y no acabáis de comprender?».

 

«Yo soy el pan vivo bajado del cielo... El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él» (Jn 6,51-56).

El centro de la Misa es la Eucaristía, el corazón de la Iniciación cristiana. Ella es «fuente y cumbre de toda la vida cristiana. Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1324).

«De este sacramento del amor, en efecto, brota todo auténtico camino de fe, de comunión y de testimonio»(Papa Francisco – catequesis 5 de febrero de 2014). Nos alimentamos del cuerpo y de la sangre di Cristo, después de habernos alimentado de Su Palabra, para conformarnos a Él, y con Él dar gracias a Dios Padre por Su Misericordia.

El gesto que Jesús cumplió durante la última Cena es, de hecho, el agradecimiento extremo al Padre por su amor, su misericordia, gesto que continúa todavía hoy a través del ministerio del sacerdote y el diácono, los ministros ordinarios de la distribución a los hermanos del Pan de la vida ydel Cáliz de la salvación.

El término se traduce del griego Agradecimiento. Y mientras es Agradecimiento del Hijo al Padre, se convierte en nuestro dar gracias a Dios por habernos amado tanto, que nos dio su única Hijo por amor. Y asimismo agradecimiento al Hijo por haberse convertido en comida para nosotros los pecadores, escondiéndose bajo la forma de pan y vino, y volcando toda su misericordia en los que se nutren de Él. Para renovarnos, a fin de que entremos en relación con Él y los hermanos.

Por eso generalmente se utiliza también el término Comunión, es decir «recibir, hacer la Comunión» para la participación en la mesa eucarística, como antelación de la plena comunión que viviremos con el Padre y todos los santos, en la mesa celestial.

Felices los invitados a la Cena del Señor,que se sientan con el Esposo a su banquete de bodas porque ahí experimentará la verdadera alegría que llena el corazón, la verdadera luz que ilumina las conciencias, el verdadero medicamento del que necesitamos para caminar y vivir en la santidad, la auténtica, la de Cristo.

Nunca agradeceremos suficientemente al Señor por el don de la Eucaristía, ni seremos nunca suficientemente dignos de recibirlo en nosotros, por eso, mientras nos dirigimos hacia Él para hacer la comunión, en realidad es Jesús que viene hacia nosotros, hacia el pecador, el necesitado de remedios, que con fe le pide la curación, la transformación del hombre viejo.

Y esta comida nos transforma realmente:«Nos transformamos en lo que recibimos. Alsacerdote que, distribuyendo la eucaristía, te dice: «El Cuerpo de Cristo», tú respondes: «Amén», o sea reconoces la gracia y el compromiso que conlleva convertirse en Cuerpo de Cristo. Porque cuando tú recibes la eucaristía te conviertes en cuerpo de Cristo... Cada vez que nosotros hacemos la comunión, nos parecemos más a Jesús, nos transformamos más en Jesús. Como el pan y el vino se convierten en Cuerpo y Sangre del Señor, así cuantos le reciben con fe son transformados en eucaristía viviente» Papa Francisco-audiencia general del 21 de marzo de 2018).

En un pasaje del Volumen XI, Jesús le explica a Luisa cómo podemos formar otras tantas hostias, totalmente similares a Jesús Eucaristía.

“Tú también puedes formar hostias y consagrarlas.La vestidura que me cubre en el Sacramento son los accidentes del pan con los quese forma la hostia. La vida que existe en esta hostia es mi Cuerpo, mi Sangre y mi Divinidad. El acto que contiene esta vida es mi Suprema Voluntad, y esta Voluntad desarrolla el amor, la reparación, la inmolación y todo lo demás que hago en el Sacramento, que nunca se separa ni un punto de mi Querer; no hay cosa que salga de Mí en la que mi Querer no vaya delante.

La hostia es material y hechura totalmente humana.

Éste cuerpo tuyo y esta voluntad tuya, si los mantienes puros, rectos, alejados de cualquier sombra de pecado, son los accidentes, los velos para poderme consagrar y dejarme vivir escondido en ti.

Pero no es suficiente, esto sería como la hostia sin la consagración; por eso se necesita mi Vida.Mi Vida está compuesta de santidad,amor, sabiduría, potencia, etc., pero el motor de todo es mi Voluntad. Entonces, después de que has preparado la hostia, debes hacer morir tu voluntad en esa hostia... y debes hacer entrar en todo tu ser a mi Voluntad, y Ésta que contiene toda mi Vida, formará la verdadera y perfecta consagración... formará la consagración de la Vida divina, de la fortaleza, de la firmeza y de todo lo que Yo soy”(Vol. XI-17/12/1914).

El sacramento de la Eucaristía

es mi misma Vida que se da a las almas,

así que el fruto de este sacramento

es formar mi Vida en ellos,

y cada Comunión sirve para hacer crecer mi Vida,

para desarrollarla, de manera que podamos decir:

«Yo soy otro Cristo»

(Vol. XVIII-5/11/25)

Riccardina Latti
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- 15/02/2022
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