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Somos como corderos en el corazón de Jesús

01/12/2022
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Es un espectáculo conmovedor ver a los corderos recién nacidos saltando, balando y corriendo hacia sus madres siempre protectoras. Juan el Bautista llamó a Jesús “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29) y Pablo comparó a Cristo con el Cordero Pascual “inmolado por nosotros” (1 Cor 5,7). La imagen del cordero tiene una resonancia especial para nosotros los cristianos.

El 6 de noviembre de 1922, Jesús se presenta a Luisa con muchos corderitos en el pecho, en los hombros, en el cuello, en los brazos y hasta asomándose desde el corazón, pero los pies de estos corderitos estaban todos en el corazón de Nuestro Señor y el alimento que les daba era su aliento; todos estaban vueltos con la boca hacia la boca de Jesús, para recibir su aliento para alimentarse. Jesús – comenta Luisa – se deleitaba mucho, estaba todo empeñado en darles de comer y gozar juntos. Luego volviéndose hacia ella, le explica que estos corderitos son todos hijos de la Divina Voluntad que crecen limpios, nutridos, alimentados sólo del soplo divino. Son nacimiento legítimo de Su Voluntad, salen de dentro de Su corazón, pero sus pies quedan siempre en el centro de Su corazón para que nada tomen de la tierra, nada les importe sino sólo Dios.

Como un objeto de cristal que absorbe y refleja la luz, así la Divina Voluntad cristaliza el alma; todo lo que ella hace, lo refleja en estas almas cristalizadas por Su potencia, que repiten y hacen lo que hace la Suprema Voluntad; y como la Divina Voluntad se encuentra en todas partes, en el Cielo, en la tierra y donde sea, así estas almas, conteniendo en sí la Voluntad de Dios como vida propia, como el cristal absorben la Divina Voluntad en sí mismas y repiten cada uno de Sus actos. Son espejos de la Divina Voluntad que “multiplica infinitamente” cada acto que realiza, y así están presentes en las criaturas, en el sol, en las estrellas y hasta en el Cielo.

Estos Hijos somos nosotros que leemos, meditamos los escritos de Luisa con el deseo de vivir en la Divina Voluntad. Por eso Jesús ama tanto que vivir en Su Voluntad sea conocido: para multiplicar infinitamente cada uno de Sus Actos y repetir en nosotros Sus obras divinas.

Frank (grupo de Phyllis - Irlanda)

La Redazione
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